|
Ernesto Tamara.
La pasada semana el presidente norteamericano George W. Bush, presentó
el presupuesto para el nuevo año fiscal (octubre 2007 a septiembre
2008), en los que incluye partidas para el Pentágono, -incluidos
los fondos para la guerra de Irak- de US$ 628.600 millones, lo que representa
más de una quinta parte del total de erogaciones del Estado, y
al mismo tiempo, en otra instancia, el secretario de Defensa, Robert Gates,
reveló la creación de un nuevo comando regional para Africa
con el supuesto objetivo de supervisar operaciones militares en esa área
geográfica.
El presupuesto, fiel reflejo de las intenciones políticas del mandatario
norteamericano, incrementa el gasto militar, recorta la inversión
pública en seguridad social, educación, asistencia a los
pobres y medicina, y traslada un enorme déficit fiscal al próximo
gobierno. Al mismo tiempo se resiste a reestablecer los impuestos liberados
a los ricos.
Todas las decisiones del presidente Bush tienden a fortalecer el complejo
militar industrial e incentivar la carrera armamentista en todo el mundo.
En los últimos tiempos no sólo ha abierto focos de tensión
y preparado planes de agresión a varios países, sino que
también ha promovido la instalación de plataformas de lanzamientos
de misiles en países europeos -que amenazan Rusia y otros países
de la región- y ha establecido públicamente la política
de atribuirse la potestad de controlar el espacio exterior, desarrollando
la denominada "guerra de las galaxias" y amenazando con destruir
cualquier satélite que considere hostil a Estados Unidos.
Todas estas acciones quedaron sin respuesta de parte de la comunidad mundial,
con algunas y conocidas excepciones, hasta que el pasado fin de semana,
el presidente ruso, Vladimir Putin, salió a la palestra.
En un discurso en la Conferencia Internacional de Seguridad que se celebró
en Munich, Alemania, Putin criticó la política exterior
norteamericana, al afirmar que realizaba un "uso exagerado de la
fuerza" y que "alimentaba una carrera armamentista".
Las expresiones de Putin fueron amplificadas por los medios de comunicación,
casi alarmados por la osadía del ex agente de la KGB, y algunos
advirtieron que las manifestaciones del mandatario ruso, indicaban el
inicio de una nueva etapa donde Moscú se asumía como potencia
desafiante y hasta llegaron a pronosticar una nueva "guerra fría".
Los funcionarios norteamericanos dijeron que estaban sorprendidos y decepciones
por las manifestaciones del presidente ruso, y rechazaron que las mismas
dieran inicio a una "segunda guerra fría". El secretario
de Defensa, Robert Gates, que está encabezando el aumento del número
de efectivos de las fuerzas armadas, así como los contingentes
militares en Afganistán, Irak, y otros países, dijo que
"con una guerra fría tuvimos suficiente".
Es que Putin, desde hace ya más de un año, se está
planteando desafiar el poder norteamericano en varios campos, impulsado
en el control de enormes reservas de gas y petróleo, con los que
abastece a Europa, y en desarrollar su propia industria de armamentos
que, ya desde 2005, compite en pie de igualdad con la norteamericana.
Presupuesto militar récord
El presidente Bush asumió su mandato en enero de 2001 con la herencia
de un superávit fiscal de 200 mil millones de dólares dejadas
por el entonces presidente Bill Clinton. Clinton a su vez había
heredado del presidente George Bush (padre) un déficit fiscal de
casi el mismo monto. Su hijo plantea dejar la Casa Blanca, en ese campo,
igual que su padre, con un déficit colosal fiscal, pero ya como
una potencia mucho más débil.
El presupuesto para el año fiscal de octubre de 2007 a septiembre
de 2008 (prácticamente el penúltimo de Bush) se eleva a
2.9 billones de dólares, e incluye unos 628.600 millones, -una
quinta parte del total de erogaciones del Estado- en Defensa.
Según estos datos, lo que Estados Unidos gasta en Defensa superior
al gasto sumado que realizan los 23 países que lo siguen en orden
de importancia en igual materia. Pero si además a ello se le suma
el gasto en seguridad interior (Homeland Security), que es más
de 200.000 millones de dólares, el gasto total en Seguridad y Defensa
estadounidense es ya superior a lo que gasta el resto del mundo, sumado,
en estas materias.
Los titulares de la prensa norteamericana fueron claro. "El presupuesto
más grande desde la era Reagan", tituló el periódico
The Washington Post, con el subtítulo: "Irak, Afganistán
gastan más que la guerra de Vietnam" (1964-1975).
Por su parte, el diario The Congressional Quarterly señaló:
"El gasto en la guerra superará a las marcas de la guerra
de Corea (1950-1953) y Vietnam", en tanto que The New York Times
tituló con la palabra "Récord".
Los actuales gastos en Defensa constituyen un 60% más de lo que
se gastaba cuando asumió Bush en enero de 2001.
En el mensaje enviado al Congreso se incluye además un pedido adicional
de 285.000 millones de dólares para los conflictos en Irak y Afganistán
para este año y los dos que vienen.
La cifra surge de sumar los U$S 93.400 que Bush quiere que el Parlamento
le autorice gastar en esas guerras este año (que se suman a los
U$S 70.000 millones ya aprobados y en ejecución), los U$S 141.700
millones que prevé el presupuesto para 2008 y los U$S 50.000 millones
que gastaría en 2009.
Curiosamente, el presupuesto de 2008 no incluye ninguna previsión
de gastos para ese destino a partir de 2010, el propio mandatario aclaró
que eso no significa que se esté fijando un cronograma para retirar
a las tropas estadounidenses. Hacerlo, argumentó ante los periodistas,
daría una señal equivocada "al enemigo".
Mientras, el portavoz de la Casa Blanca, Tony Fratto, aclaró que
los números del proyecto enviado al Congreso no son los definitivos.
En su propuesta de presupuesto, Bush prevé un déficit de
239.000 millones de dólares, pero presenta una estimación
de reducción del mismo -con los recortes en gastos sociales- que
concluiría con un superávit de 61.000 millones para el año
2012, 3 años después de que concluya su mandato.
Como su propia experiencia indica, nadie asegura el próximo gobierno
mantenga su conducta fiscal. El mismo logró dilapidar un superávit
de más de 200.000 millones de dólares en 3 años,
ya que en 2004 ya tenía un déficit de más 400.000
millones de dólares.
También el Departamento de Estado tendrá un aumento de su
presupuesto a una cifra récord de 36.000 millones de dólares
bajo el pedido de Bush, aunque unos 7.500 millones de estos serán
destinados también a programas de defensa o seguridad, como créditos
a países aliados para adquirir equipamiento del Pentágono
o asistencia a la economía de los colaboradores clave en la "guerra
mundial contra el terrorismo", como Pakistán y Jordania.
Además, Israel y Egipto, también aliados de Bush en su "guerra
contra el terrorismo", mantendrán su status, que data de los
años 70, de principales receptores de ayuda estadounidense, de
2.400 millones y 1.700 millones de dólares respectivamente.
Otra de las novedades del presupuesto es la intención de transformar
en definitivos los recortes impositivos a las empresas que Bush sancionó
en su primer mandato -lo que le significaría reducir en 10 años
unos 1,6 billones de dólares de ingresos al Estado- y para apuntalar
las guerras contra Irak y Afganistán, el presidente busca recortar
programas sanitarios y de combate a la pobreza.
Bush propuso además la eliminación o reducción de
gastos en 14 programas sociales que, según él, permitirán
un ahorro en los próximos cinco años de millones de dólares.
Insistió en que con esas acciones logrará un ahorro cercano
a los 100 mil millones de dólares, sólo por concepto de
recortes monetarios en el programa Medicare y seguro sanitario, del que
dependen 43 millones de jubilados y minusválidos.
También expresó que es necesario reducir los costos médicos
crecientes que supone la atención de 78 millones de estadounidenses
a jubilarse próximamente.
Proponen crear impuestos para la guerra
El senador Joseph Lieberman, fánatico defensor de la guerra a Irak,
-ex demócrata y ahora "independiente"- propuso "un
impuesto por la guerra contra el terrorismo" en una audiencia del
Senado.
"Pienso que tenemos que empezar a pensar acerca de un impuesto por
la guerra contra el terrorismo," dijo Lieberman durante una audiencia
del Comité de Servicios Armados del Senado sobre el presupuesto
de defensa de Bush.
"Lo que quiero decir es que la gente sigue diciendo que no le estamos
pidiendo hacer un sacrificio a nadie sino a nuestro ejército en
esta guerra y a algunos civiles que trabajan en ella," agregó.
Lieberman no dio detalles de su sugerencia en torno al impuesto.
Hasta ahora ni la Casa Blanca ni la oposición demócrata
ha respondido a la iniciativa de Lieberman.
Por ahora, resistencia demócrata
Los demócratas que controlan las dos cámaras del Congreso
adelantan que buscarán modificar muchas de las iniciativas del
mandatario.
Para el presidente de la comisión de Presupuestos del Senado, el
demócrata Kent Conrad, "los presupuestos planteados por el
presidente están llenos de deudas y engaño, desconectados
de la realidad, y siguen llevando a Estados Unidos en la dirección
errónea".
El representante demócrata John Spratt, fue aún más
allá: "Dudo que los demócratas apoyen este presupuesto.
Y, francamente, me sorprendería que los republicanos lo hagan".
En tanto, la titular de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi,
precisó que la demanda de capitales del Ejecutivo será
sometida a un riguroso análisis.
"Aplicaremos una cabal supervisión al requerimiento gubernamental
porque no pretendemos extender a Bush un cheque en blanco. Buscamos inducir
al presidente a reducir nuestra participación en Irak en el corto
plazo", indicó Pelosi.
Incentivar la carrera armamentista
El presidente Bush no ocultó nunca su intención de impulsar
la carrera armamentista. Y bajo su mando, el mundo ha seguido su conducta.
Recientemente, un entredicho diplomático entre Chile y Perú,
por la decisión inculta de Chile de fijar sus límites asumiendo
como propio un territorio en disputa, fue interpretado por legisladores
de ambos países, como resultado de la presión de los lobbys
de armamento a fin de provocar tensión y compra de armas en la
región.
Según los últimos datos disponibles, los gastos militares
en el mundo alcanzaron un nuevo récord en 2005, al llegar a un
billón 118 mil millones de dólares; y el primer consumidor
de armamento fue Estados Unidos, con 48 por ciento de lo invertido a nivel
mundial, según un informe del Instituto Internacional de Investigación
para la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo.
El informe destacó que los principales exportadores son, desde
2001, Rusia y Estados Unidos, cada uno con una cuota de mercado de alrededor
de 30 por ciento. A ellos les siguen, a mucha distancia: Francia, Alemania
y Gran Bretaña, con 20 por ciento entre los tres.
En esta carrera Rusia, en su nuevo formato capitalista, ha intentado seguir
los pasos. En su informe a la nación en la Duma rusa, a principios
del pasado año, el presidente ruso, Vladimir Putin, dijo que "hablar
del final de la carrera de armamento es prematuro" y señaló
que ésta ha pasado a un nuevo nivel tecnológico.
El presupuesto militar norteamericano, "en magnitudes absolutas,
es casi 25 veces superior al de Rusia", dijo el mandatario y debe
servir de incentivo para reforzar las defensas propias, alegó el
presidente.
El mayor deudor del mundo
Estados Unidos es hoy el país más endeudado del mundo, con
una deuda pública y privada equivalente a todo el producto bruto
mundial.
El mercado financiero estadounidense es la gran atracción y refugio
para el capital especulativo de todas las procedencias. Más de
700 mil millones de dólares de las reservas de los Bancos Centrales
de todo el mundo, se encuentran colocadas el sistema bancario norteamericano,
ofreciendo financiamiento barato a largo plazo para los déficits
del país más rico del mundo.
Para cubrir su déficit por cuenta corriente, Estados Unidos necesita
atraer aproximadamente 2.300 millones de dólares diarios, y si
esos flujos menguan se debilita el valor del dólar frente a otras
monedas.
Al aumentar la deuda de EEUU con el exterior, el dólar debería
devaluarse. Sin embargo, como el dólar es moneda de reserva y de
pago a la vez, es interés de EEUU tratar de mantener la demanda
de dólares artificialmente alta. La amenaza de una guerra sobre
países productores de petróleo ayuda a alzar del precio
de petróleo y con ello la demanda de dólares. Con una demanda
artificialmente alta del dólar, el tesoro americano, puede emitir
billetes a costo simbólico y financiar así su gasto militar
y estimular el consumo interno.
|