inicio | opinión | notas | cartelera | miscelanea sueca | suplementos | enlaces 12-Junio-2008

Pobre Perú, con un García de las multinacionales

 
Para las sacrosantas democracias occidentales que otorgan certificados de buenos y malos gobiernos a las naciones del Tercer Mundo, todo lo que sea favorable al "libre mercado" merece apoyo. Y si en interés de éste se comenten crímenes y atropellos contra la gente y la naturaleza, entonces lo más conveniente es que los grandes medios de comunicación se ocupen de ocultar la verdad y se dé una versión favorable a los victimarios.

Así ha sucedido estos días en torno a la brutal represión, con el saldo de varias decenas de asesinados, que perpetró el gobierno peruano de Alan García en la selva amazónica contra los indígenas que pacíficamente protestan contra la entrega y depredación ambiental de sus territorios ancestrales a las multinacionales petroleras, mineras y madereras.


Si este indignante y brutal hecho, llegara a suceder en Cuba o Venezuela (para sólo mencionar a dos países "malditos"), hubiera acaparado los titulares mundiales y quizás motivara hasta una urgente reunión de la Unión Europea o del Consejo de Seguridad.


Pero resulta que no es así, aunque exista una Carta de la ONU sobre el derecho de los indígenas a sus territorios o como dice el Convenio 169 de la OIT (también suscrito por Perú) en su artículo 17: "deberá consultarse a los pueblos interesados siempre que se considere su capacidad de enajenar sus tierras o transmitir de otra forma sus derechos sobre estas tierras fuera de su comunidad" y que agrega además, aunque a Alan García y sus seguidores le importe poco o nada, que: "no deberá emplearse ninguna forma de fuerza o de coerción que viole los derechos humanos y las libertades fundamentales de los pueblos interesados, incluidos los derechos contenidos" en ese Convenio.

Personajes como Alan García en Perú o Álvaro Uribe en Colombia, pueden todavía actuar así reprimiendo protestas populares porque se saben protegidos por poderosos círculos económicos y políticos internacionales. En la medida que se comprometen a entregar las riquezas nacionales, en beneficio del interés privado de sus propias oligarquías y socios extranjeros. Por eso no tienen empacho para firmar ALCAs con la opinión contraria de sus pueblos.

Y todo va de la mano porque también en los últimos tiempos, el gobierno de Perú ha transformado el país en una especie de retaguardia del neoliberalismo sobreviviente, y naturalmente de quienes cometieron crímenes y latrocinios contra sus conciudadanos en otros países. Por eso no es casual que en Perú hayan obtenido asilo, delincuentes como el ex -gobernador venezolano Manuel Rosales requerido por la Justicia de su país por ladrón de fondos públicos, o tres antiguos ministros bolivianos involucrados en la masacre de 63 compatriotas durante el gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada, y que Bolivia exige su extradición.


A las empresas petroleras, mineras, forestales y agrícolas multinacionales que les importa poco si "el pulmón del mundo" se acaba, y puedan llevarse las riquezas mientras estas duren, esperan que gobiernos como el de Alan García les garantice el saqueo. Por eso todo lo que se oponga al "desarrollo" está fuera de la ley (de la selva) del neoliberalismo, sean estos indígenas, campesinos, o pobres sin tierras. Desde tiempos inmemoriales estos "seres inferiores nunca entendieron las ventajas de la civilización".


¡Pobre Perú! De Fujimori pasando por Toledo hasta hoy con Alan García. Y todos ellos con la bendición del gran capital.



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