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Pobre Perú, con un García de las multinacionales |
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| Para las sacrosantas democracias
occidentales que otorgan certificados de buenos y malos gobiernos a las
naciones del Tercer Mundo, todo lo que sea favorable al "libre mercado"
merece apoyo. Y si en interés de éste se comenten crímenes
y atropellos contra la gente y la naturaleza, entonces lo más conveniente
es que los grandes medios de comunicación se ocupen de ocultar la
verdad y se dé una versión favorable a los victimarios.
Así ha sucedido estos días en torno a la brutal represión, con el saldo de varias decenas de asesinados, que perpetró el gobierno peruano de Alan García en la selva amazónica contra los indígenas que pacíficamente protestan contra la entrega y depredación ambiental de sus territorios ancestrales a las multinacionales petroleras, mineras y madereras.
Personajes como Alan García en Perú o Álvaro Uribe en Colombia, pueden todavía actuar así reprimiendo protestas populares porque se saben protegidos por poderosos círculos económicos y políticos internacionales. En la medida que se comprometen a entregar las riquezas nacionales, en beneficio del interés privado de sus propias oligarquías y socios extranjeros. Por eso no tienen empacho para firmar ALCAs con la opinión contraria de sus pueblos. Y todo va de la mano porque también en los últimos tiempos, el gobierno de Perú ha transformado el país en una especie de retaguardia del neoliberalismo sobreviviente, y naturalmente de quienes cometieron crímenes y latrocinios contra sus conciudadanos en otros países. Por eso no es casual que en Perú hayan obtenido asilo, delincuentes como el ex -gobernador venezolano Manuel Rosales requerido por la Justicia de su país por ladrón de fondos públicos, o tres antiguos ministros bolivianos involucrados en la masacre de 63 compatriotas durante el gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada, y que Bolivia exige su extradición.
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